TEMA 10: LA REFLEXIÓN ÉTICA (2022)

  1. ¿QUÉ ES LA ÉTICA?

A menudo escuchamos la palabra “ética” en contextos muy diversos y aparentemente entendemos qué significa, pero quizás no es un término tan claro como podría parecer. Además, es muy habitual encontrarla siempre referida o comparada con la moral. Intentemos precisar las definiciones. Se entiende que la moral es un conjunto de reglas que aplicamos de manera personal en nuestra vida diaria y que tiene que ver con decisiones individuales. Son las normas y reglas que seguimos, aquellas que nos sirven de guía para interpretar lo que está bien y lo que está mal, aquellas que nos ayudan a decidir entre distintas alternativas de actuación. En cambio, cuando hablamos de ética, hablamos a algo que va más allá de una decisión personal.

La ética constituye una de las ramas de la filosofía, en concreto, aquella que se centra en las cuestiones morales. En general, la ética es la búsqueda de un fundamento teórico justificado para seguir ciertas normas o adquirir ciertos valores, pero no a nivel personal, sino referidos a una comunidad; es algo así como un fundamento para buscar un modo de vida correcto, es la búsqueda de las razones para apoyar unos fundamentes morales y no otros. Es algo así como un estudio científico de la moral.

Fernando Savater define la ética como «el arte de vivir, el saber vivir, por lo tanto el arte de discernir lo que nos conviene y lo que no nos conviene ».

La ética es, en suma, una reflexión filosófica sobre la moral. Si le preguntamos a alguien su opinión acerca de si una actuación concreta de una persona es buena o mala, su opinión tiene que ver con su moral. En cambio, si le decimos que nos explique las razones en las que se ha basado para dar su opinión, entonces estamos ya en el terreno de la ética.

En el fondo, el tratamiento de la ética no es solo complicado por tener que buscar las bases para justificar un comportamiento, sino que además, la ética entra ya en una dimensión práctica, nos estamos planteando las bases de nuestra actuación.

  1. LA ÉTICA SOCRÁTICA

La ética de Sócrates se ha llamado intelectualismo moral, porque defiende la idea de que hacer el bien o el mal depende del conocimiento.

Vayamos poco a poco, Sócrates parte de una postura de ignorancia, son famosas sus palabras: “solo sé que no sé nada”. En ese estado inicial de pura ignorancia, la mayor preocupación es obtener definiciones, conocimientos, y esto se hace a través del diálogo (logos). Gracias al diálogo obtengo respuestas y con estas puedo orientar mi vida hacia un fin práctico, ético; dado que dispongo de las fundamentaciones que necesito.

Esto tiene sentido si entendemos que para él los valores no tienen nada que ver con el acuerdo, sino que corresponden a la propia naturaleza humana, en el diálogo no buscamos un acuerdo, buscamos encontrar la verdad. Se trata de defender la idea de que todos los seres humanos pueden conocer por sí mismos qué es lo bueno, o lo malo o lo justo. Solo podemos llegar a este conocimiento a través de nuestra propia experiencia interior, de ahí también su famosa frase: “Conócete a ti mismo”. Dentro de nosotros podemos encontrar la verdad. Pero para ello necesitamos la ayuda de los otros y de un método concreto, el llamado método mayeútico, en el que se emplea el diálogo para llegar al conocimiento, no se trata de que un maestro inculque al alumno conocimientos, sino que el propio alumno extraiga de sí mismo el conocimiento, gracias a las preguntas guiadas por el maestro. Lo compara Sócrates con la figura de la partera que ayuda a dar a luz, igual que el maestro ayuda a “parir las ideas” (comparativa que usa porque su madre ejercía de partera).

Aplicando este método el hombre puede llegar a conocer lo que es el bien, y alguien que sabe lo que es el bien no puede dejar de hacerlo, el conoce el bien lo lleva a cabo, lo contrario sería absurdo. Esto significa que quien hace el mal lo hace por desconocimiento, por ignorancia. La virtud y la sabiduría van de la mano, de hecho, todas las virtudes se reducen a sabiduría, estas virtudes las podemos catalogar como hábitos racionales que nos llevan a adoptar ciertos comportamientos. Nuestra moral depende directamente de nuestros conocimientos y son los hombres inteligentes los que obran bien moralmente. A mayor conocimiento tenemos mayores virtudes y por tanto obramos de la forma correcta, moralmente hablando.

  1. EL EUDEMONISMO DE ARISTÓTELES

La ética de Aristóteles parte de la idea de que existe un bien supremo hacia el que debemos orientar nuestra vida, y este fin no es otro que la felicidad, los seres humanos perseguimos como fin el ser felices. El término que se usa para referirse a la felicidad es eudaimonía, de ahí que se diga que la ética aristotélica es una ética eudemonista.

Todas las acciones humanas tienden hacia fines, y el conjunto de todos los fines particulares se hallan subordinados a un fin último, que es el bien supremo, al que llamamos felicidad. ¿Qué es la felicidad? Si se considera que consiste en buscar el placer, dice Aristóteles que nos pareceríamos a los los animales. Si se considera que consiste en el honor, hay que tener en cuenta que depende de quien lo otorga, y por tanto de algo externo. Si reside en acumular riquezas, nos estaríamos centrando en un medio para conseguir otras cosas y no en un fin en sí mismo.

Para Aristóteles la felicidad consiste en perfeccionarse en cuanto hombre, es decir, en aquella actividad que distingue al hombre de las demás cosas. En concreto se refiere a la actividad de la razón, el hombre que quiere vivir bien debe vivir de acuerdo a la razón. Cada uno de nosotros es alma y si el alma racional es la parte dominante parece que lo que nos define es nuestra propia alma, por ello, los valores del alma son los valores supremos. La virtud es el camino que conduce al bien y su ética es una ética de virtudes y de perseguir un fin último.

En definitiva, la felicidad tiene que ver con la acción virtuosa, si el fin último del hombre es buscar la felicidad y esta tiene que ver con la acción, consideraremos que solo podemos saber si hemos sido felices al final de nuestra vida, porque la felicidad es un cómputo de toda nuestra vida. Y depende de los factores externos, que dependen de circunstancias ajenas a nosotros y de otros factores de carácter interno, que dependen de nosotros mismos y del desarrollo de nuestras virtudes. En una vida feliz deben conjugarse todos estos factores.

Pongamos un ejemplo ajeno a Aristóteles para aclarar el concepto, imaginemos que estamos viendo una película sobre un deportista de élite, un jugador de beisbol, este es becado por su instituto, es fichado por un gran equipo, se casa con la líder de las animadoras y fin de la película; un tipo muy afortunado que ha conseguido lo que quería y la película tiene un final feliz. Según una visión aristotélica ese no sería un final feliz, principalmente porque no es una final, si solo al final de nuestra vida podemos decidir si hemos sido felices, en nuestro ejemplo tendríamos que ir más allá.

Un director de cine secundario (sin tener en cuenta a Aristóteles) dirigió una película en la que se indagaba sobre qué había después de una vida de triunfo en un deportista de élite. En dicho filme, tras haberse casado con la guapa e inteligente chica que era la líder del instituto y su carrera deportiva haber llegado a lo más alto, pasan los años, tienen hijos y todo parece ir bien. Pero, el deportista comienza a estar cada vez más entregado a su carrera y descuida a su familia, hasta tal punto que su esposa casi abandonada termina teniendo un amante. Ocurre que el deportista tiene una fuerte lesión y debe dejar su vida deportiva activa, cuando regresa a su casa se da cuenta que no conoce a sus hijos y que ha descuidado a la familia, se siente solo y recurre al alcohol y a las drogas, incapaz de encontrar otra salida. Al final muere de una sobredosis y este es el final real de su vida y de la película. Es aquí, donde desde la perspectiva aristotélica debemos plantear si hay o no final feliz, y aquí obviamente no lo hay. Si el personaje, motivado por una acción virtuosa y habiéndoles sido convenientes los factores externos, hubiera sido de nuevo feliz con su mujer, se hubiera acercado a sus hijos y hubiera asumido su lesión como un cambio de posición en el mundo deportivo, por ejemplo haciéndose entrenador, hubiera podido llegar a un final feliz.

En definitiva, la felicidad es el bien supremo al que tendemos, y depende de la acción virtuosa, (aunque entran en juego factores que no podemos controlar) el final de nuestra propia acción, de nuestro fin último, solo podemos valorarlo o sopesarlo al final de nuestra vida, solo en este estado podremos decir si nuestra vida ha sido feliz.

  1. EL HEDONISMO DE EPICURO (341 a C -270 a C)
Para Epicuro la felicidad es el fin último de la vida, y la felicidad consiste en el placer (hedoné). Se trata de entender que el placer es el bien primero, y buscarlo es algo natural en nosotros, por tanto, todas las decisiones que tomamos parten de la búsqueda de nuestro propio placer.

Ahora bien, el conocimiento (la razón) se hace necesario, puesto que no todos los placeres son buenos para nosotros en todo momento y circunstancia, necesitamos saber a qué deseos atender en cada una de las situaciones en que nos encontremos. Para ello necesitamos discernir, comprobar las cosas positivas y negativas que traerían para nosotros dichos placeres y a partir de ahí tomar la mejor decisión posible.

Además, cuando Epicuro habla de placer, en el fondo, está pensando en la ausencia de dolor, así como en la ausencia de turbación del alma (ataraxia). Por tanto, el placer será el bien para mí si tomo la decisión más adecuada. Pongamos un ejemplo simple para entenderlo, imaginemos a alguien que siente un irrefrenable placer por comer chocolate y como para ser feliz debe hacer caso a sus deseos, termina comiendo chocolate. En este ejemplo habría que sopesar los pros y los contras antes de decidir, y aunque nos pueda apetecer comernos una tarta entera de chocolate, el placer de hacerlo se ve turbado por el malestar físico que nos puede acarrear, por tanto, no comernos la tarta nos traerá más beneficios físicos y la ausencia de dolor, del dolor que nos habría acarreado haber comido algo inadecuado en grandes cantidades.

En resumen, el único bien es el placer y el único mal es el dolor; de tal manera que la propia ausencia de dolor es también parte del placer. Aunque el verdadero placer que implica felicidad es para él el placer espiritual. El conocimiento y una vida virtuosa llena de placeres simples son para Epicuro el secreto de la felicidad. Desear lo básico es lo que garantiza la tranquilidad de una persona y su felicidad. De ahí que aconsejara a la gente evitar los mercados para evitar el deseo de cosas innecesarias. (Y esto se puede considerar muy actual).

  1. EL UTILITARISMO

El utilitarismo es un movimiento inglés que surge a finales del siglo XVIII y se inicia con la figura de Jeremy Bentham y de su secretario personal James Mill, el cual es el padre del famoso John Stuart Mill.

En la ética utilitarista lo que se hace es medir el valor moral de una acción según sus consecuencias. En este sentido, se busca también la felicidad, pero la felicidad del mayor número de personas posibles, es decir, la mejor acción es aquella que provoca la mayor utilidad posible y otorga placer, solo así es una acción positiva. Esta utilidad hemos de entenderla como bienestar, pero un bienestar colectivo, no personal.

Esta ética implica que la felicidad es buena en sí misma y es por ello que la mejor acción es la que genera la mayor felicidad. Sería algo así como llevar a cabo una acción revisando siempre sus consecuencias. Pero esto implicaría que a veces uno debería renunciar a su propia felicidad para que su acción hiciera felices a más personas.

John Stuart Mill hizo famosa la formulación conocida como “Principio de la mayor felicidad”, que viene a resumir la ética utilitarista. Además sostuvo que los placeres intelectuales y morales son superiores a aquellos relacionados con lo físico. Es famosa su frase “prefiero ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho”. Y es que aquellos placeres físicos, que nos relacionan con los animales, no son los más importantes para John Stuart Mill.

  1. LA ÉTICA KANTIANA

Pretendió crear una ética universal que fuera válida para todos los seres humanos, de tal forma, que todos tuviéramos un mismo criterio. Dicha ética es de carácter formal, no nos dice lo que tenemos que hacer, sino en qué basarnos para decidir y en cómo debemos ser nuestros legisladores morales. Su formulación parte de que tenemos que actuar por deber, de que debemos cumplir las leyes morales por el hecho de ser leyes morales, y no nos habla del contenido de nuestros deberes, sino del deber en sí. Lo formula en su imperativo categórico, que pretende ser algo autosuficiente capaz de regir el comportamiento humano, dado que tiene la firme convicción de que todo nuestro comportamiento debe regirse por algo que proceda de la propia razón, y es categórico porque es necesario, no cabe ninguna duda sobre él. Dicho imperativo podemos formularlo así: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda siempre valer como ley universal”.

Así, estaríamos obrando moralmente cuando podamos desear que nuestro deseo se haga válido para todos los seres humanos. Para que esta formulación tenga sentido Kant parte de la idea de igualdad de todos los seres humanos, todos somos iguales, igual de dignos, lo que hay de fondo es el concepto de derechos humanos. Además, esto lleva implícita la idea de que debemos actuar de la forma correcta, no actuar en función de nuestro beneficio personal, sino en función de lo que debemos hacer, lo que Kant llama el deber por el deber, hacer aquello que creo que debo hacer.

  1. LA ÉTICA DIALÓGICA

Habermas cree que podemos llegar a una ética beneficiosa a través del diálogo, pero no puede ser cualquier diálogo, sino que debe ser uno en el que se dé una situación ideal, se trata de prestar atención a la racionalidad como un proceso discursivo en el que podemos acceder a una ética fundamentada porque formamos una comunidad de hablantes y compartimos un lenguaje.

Reconoce que vivimos en una época en la que nuestro modelo de racionalidad parte de la tecnología, pero hay también una racionalidad valorativa, que aunque, como todo lo demás, depende de la tecnología, está ahí. De hecho, vivimos una situación muy particular, por un lado vemos es difícil encontrar criterios universales para justificar la moral, pero por otro lado, toda la humanidad debe enfrentarse a problemas comunes para los que necesitamos criterios. A esto es a lo que Habermas intenta responder, y es consciente de que no puede proponer alternativas a una sociedad altamente tecnológica donde la moral se pierde en la intimidad, pero si quiere complementarla de alguna forma, y su propuesta es atender a una racionalidad práctica que tenga que ver con la interacción comunicativa. Por tanto, todo se resume a reflexionar sobre las condiciones ideales del diálogo, a través de un diálogo real podemos pactar acuerdos, pero para ello todos los interlocutores deben partir de la sinceridad y buscar un consenso real y no tener la actitud de simplemente llevar razón ni de coaccionar a nadie. Se trata de someter a diálogo todas las consideraciones morales, de encontrar normas morales pactadas.

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Last Updated: 01/09/2023

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