Liverpool-City, mejores enemigos - La Razón | Noticias de Bolivia y el Mundo (2022)

Liverpool-City, mejores enemigos

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Jorge Barraza, columnista de La Razón

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Por Jorge Barraza

La Paz / 31 de julio de 2022 / 17:51

Se ha transformado en un clásico moderno, pelean cabeza a cabeza cada campeonato, tienen a los dos mejores entrenadores del mundo y lo demuestran en todos los duelos, intensísimos, espectaculares, sea la instancia que sea. Liverpool y Manchester City aceleran el pulso del fútbol.

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El City le birló dos ligas a los Reds por apenas un punto, pero últimamente Klopp tiene a maltraer a Guardiola. Y este sábado volvió a ganarle 3 a 1 en otra final sin respiro, de ida y vuelta, con ambos volcados al ataque y generando situaciones de gol. Proponen un fútbol sincero Liverpool y City, frontal, limpio, a ver quién es mejor y no más guapo. No incurren en peleas ni fricciones. La pelota no se va nunca afuera, eso habla del nivel del juego. Que es muy equilibrado, prevalece el Liverpool últimamente por una cuestión de carácter, se nota en la presión, en cada corrida, salto o trabada. Se le advierte una pizca más de energía.

Europa arrancó formalmente el fin de semana la temporada 2022-2023 jugando las supercopas de tres países, nada menos que de Inglaterra, Alemania (Bayern 5 – Leipzig 3) y Francia (Nantes 0 – PSG 4). Trofeo a partido único donde rivalizan campeón de liga versus ganador de copa. Que en el caso del fútbol inglés se denomina Community Shield o, en su nombre comercial, Carabao Cup, por la bebida energizante tailandesa que patrocina el duelo. Y abrieron el fuego nada menos que los dos capos de la Premier League. Los debuts de Darwin Núñez en el Liverpool y de Erling Haaland y Julián Álvarez en el City duplicaban el interés de la cita. ¿Cuántos goles hará Haaland en un equipo tan ofensivo como el de Guardiola?, se preguntaban todos. ¿Y Julián Álvarez, el chico de River, podrá destacar en este nivel…? ¿Será tan bueno el uruguayo Núñez que lo han pagado 76,6 millones de dólares más 25 en variables…?

Empecemos por lo último: Núñez, que puede ser sensación en Qatar 2022, vale cada centavo que costó. Empezó en el banco, entró en el minuto 59 y mostró su terrible peligrosidad con tres cabezazos. En uno consiguió el penal (mano de Ruben Días) que Salah transformó en el 2 a 1 parcial. En otro anticipó a los defensas y el remate se le fue apenas desviado. Y en el tercero hizo el gol del 3-1 con gran definición. Jugó poco más de media hora, sacudió la red, ganó su primer título en Inglaterra y quedó como la luminaria de la tarde. Más, imposible. Con él, nadie se acordará del adiós de Mané, por magníficos que hayan sido los seis años del senegalés en la ciudad de Los Beatles. Núñez nos remite una vez más al milagro futbolístico uruguayo, un país de 3,4 millones de habitantes que procrea jugadores y técnicos en cantidad y calidad.

Julián Álvarez, también de estreno oficial, se mostró movedizo, como en River, muy enchufado en el juego colectivo. Marcó el empate parcial del equipo ciudadano. Un APROBADO con mayúsculas. Y, aunque parezca increíble, el fiasco fue Haaland. Sin gol, como perdido en el área, sin participar del toque que siempre propone el City. Apareció poco; le cayó una en el primer tiempo y, aunque encimado, definió al cuerpo del arquero Adrián. Y a los 97’ fue autor del blooper de la final: le quedó un rebote a tres metros de la línea, sin rivales a la vista, con Adrián caído, era soplarla y gol, le pegó mal, la bola le salió alta, pegó en el travesaño y se fue desviada. Por su vigor anímico, cabe creer en él, además es apenas un partido, pero quedó la sensación de que el juego de posesión y traslado del City lo ahoga contra la defensa rival, no le quedan espacios. Y un grandote como él los necesita.

El otro sudamericano, Luis Díaz, sumó su tercera corona en el escaso semestre que lleva en el Liverpool, aunque compuso su partido más intrascendente desde que arribó a Liverpool. Apático, sin desnivelar en el uno contra uno, que es su fuerte. No encaró nunca. Klopp lo sigue considerando titular, sin embargo, debe levantar.

Los detractores de Guardiola, alineados incondicionalmente con Klopp, felices. En el historial individual entre ambos, éste fue el encuentro número 25, con 10 triunfos para el de Stuttgart, 8 para el de Cataluña y 7 empates. Pero hay que recordar que, de las últimas cinco ediciones de la Premier League, Pep se quedó con cuatro y una sola fue para Klopp. Aunque en este lapso también el alemán puede ufanarse: levantó una Champions League y el catalán, ninguna. Son tan brillantes como parejos. Lo de Klopp es sencillamente fantástico: luego de una larga travesía en el desierto, el Liverpool encontró en él al redentor. Con este trofeo ya ganó los siete posibles para cualquier club inglés: Premier, Copa Inglesa, Copa de la Liga, Community, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. En casi todos, el club de Anfield Road llevaba añares sin conseguirlos. En el caso de la Premier League, tres décadas exactas. Y le quedan cuatro años más de contrato a Jürgen. Habrá más vueltas olímpicas con él, seguro.

El Liverpool está bien, pasó la prueba inicial de la temporada con nota alta, su carácter, agresividad e intensidad siguen intactos. No sería extraño que vayan por otro delantero, pues se desprendió de tres: Mané, Minamino y Origi. Y sólo llegó Núñez. Le falta uno más por afuera, que pueda hacer las dos bandas. Pero con lo que tiene peleará otra vez todos los frentes.

El City es exactamente al revés de lo que piensan millones, que es un equipo de estrellas. Para nada. Estrella es Kevin De Bruyne, buenos-buenos son João Cancelo y Rodri, Haaland sigue siendo una promesa grande, los demás son buenos normales.

Hay mejor funcionamiento que intérpretes. Lo que le da competitividad es el sistema, la preparación de élite que garantiza Guardiola, no las individualidades. Seguimos pensando que Pep no es el mejor ojeador del mercado. Ya no lo era en el Barcelona. Haber pagado 119,4 millones de dólares por Grealish puede que, con el tiempo, sea considerado un disparate importante. Y haber dejado ir a Gabriel Jesús, otro. El brasileño se despachó el sábado con un triplete en el 6-0 del Arsenal al Sevilla. Partido amistoso, vale aclararlo, aunque ahora hasta los amistosos se juegan a fondo. No sería descabellado que Guardiola salga de compras y contrate a alguien más. Alguien con desequilibrio individual en tres cuartos de cancha. Con esta dotación le da para aspirar a la Premier, para lo internacional deja dudas.

Una vez más, el VAR estuvo fantástico. El juez Craig Pawson no había dado penal al Liverpool tras una mano clamorosa del portugués Días. La cabina lo corrigió oportunamente. Y había anulado el gol de Julián Álvarez por offside, la tecnología demostró que estaba habilitado. Bien utilizada, con criterio y decencia, es la mejor herramienta que se aplicó al fútbol en un siglo.

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Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

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Buenos Aires / 28 de agosto de 2022 / 20:28

Después de ocho temporadas magníficas y 18 títulos —cinco Champions entre ellos— Carlos Henrique Casemiro se despidió con todos los honores del Real Madrid. Con 30 años y seis meses exactos lo fichó el Manchester United por la desorbitada suma de 72 millones de dólares más otros 12 si consigue ciertos objetivos. Florentino Pérez declaró que le dolía en el alma, que era como un hijo para él, pero no tardó treinta segundos en decidirse: se vende. ¡Setenta y tres millones + doce por un volante de marca próximo a los 31 años…! Si fuese un goleador de área, la operación no merecería reparos, el 9 ofrece el producto más requerido, el gol. Y además tiene un radio de acción no demasiado amplio; pero la tarea de Casemiro se desarrolla en la zona de combate: el mediocampo. Allí está el epicentro de la batalla, donde la lucha alcanza su punto más áspero, se necesita mucho fuelle y piernas frescas. Casemiro es un volante útil, de buena lectura de los partidos, que se ayudó siempre con su reciedumbre (amparado por la camiseta). La duda es si le dará el físico para soportar la tremenda dinámica de la Premier League, donde el concepto de intensidad alcanza su expresión límite. Un jugador puede llegar en muy buen estado atlético a su cumpleaños número 31, pero su pico de rendimiento ya pasó hace tiempo. La parábola de agilidad, fuerza y resistencia apunta claramente hacia abajo. Es lo que lleva a pensar si no se transformará en otro de los tantos fichajes basura de los últimos años del Manchester United, caso Pogba, Maguire, Alexis Sánchez, Wan-Bissaka y decenas más, todos carísimos y de pésima productividad.

Nos genera enorme curiosidad ver cómo se las arreglará Casemiro cuando deba enfrentar al Fulham, al Crystal Palace, al Brentford, equipos que, a despecho de sus pocas luces, ejercen una prestación física y una presión casi insoportables. Último sin puntos, el United enfrentaba el lunes al Liverpool en el clásico histórico de Inglaterra. Era ultrafavorito el equipo de la ciudad de los Beatles, sin embargo, ganó el cuadro manchesteriano por actitud mental y energía física. Y pese a ser esos dos atributos frecuentes del Liverpool, terminó superado. “Se vio desde el principio el nivel de agresividad del rival, lo que iba a pasar”, reconoció Jürgen Klopp.

Esa combatividad fue encarnada como ninguno por dos defensas de los Diablos Rojos: el lateral izquierdo holandés Tyrell Malacia (23 años) y el zaguero argentino Lisandro López (24). Potente, ágil, velocísimo, con gran sentido de la marca, Malacia se devoró a Mohamed Salah. Fuerte, técnico, determinado, todo un resorte, Martínez desbarató cantidades de ataques liverpoolianos. Contagiaron al resto, fueron el paradigma de cómo se debía jugar ese partido para tener chance de triunfo. Del mismo modo en que Argentina enfrentó a Brasil en la final de la Copa América el año pasado: lo que antiguamente se decía “jugar a muerte”, o sea, sin dar diez centímetros de ventaja y poniendo el alma en cada pelota. Así, el inferior (Manchester United) derrotó al superior (Liverpool).

El juego fue mutando a lo largo de la historia, pasó por el jogo bonito, el catenaccio, el hombre a hombre, la marca en zona, el contraataque, el fútbol total holandés, el tiqui taca, la presión y otros. Esta es la era de la intensidad total. ¿De qué se trata…? Un batido de potencia física, presión asfixiante, gran despliegue, rapidez de desplazamientos y ritmo persistente los 95 ó 96 minutos que dura hoy un juego. Por eso, en nuestros días no es extraño que un equipo sin figuras rutilantes derrote a otro en apariencia más poderoso. Lo físico y la lucha han alcanzado un sitial preponderante que determina resultados y no están sujetos al presupuesto. “Hasta no hace mucho, el fútbol no era un deporte de alta competencia sino de individualidades, ahora lo es”, dice con agudeza nuestro amigo y colega colombiano Marino Millán. Gran verdad. Actualmente la preparación es extrema hasta en los mínimos detalles y el descanso, la alimentación y el cuidado del cuerpo son científicos. Los comandos técnicos son ejércitos; el Liverpool tiene cuatro preparadores físicos y seis fisioterapeutas encargados de mantener a la tropa en óptimo estado.

No obstante, el ímpetu que se imprime a cada acción conlleva muchas lesiones musculares, ligamentosas y golpes. Son cada vez más frecuentes, sobre todo en los profesionales de treinta años para arriba. Por eso y por la cada vez mayor cantidad de compromisos, los equipos necesitan una dotación numerosa. “Juegan once, hay cinco cambios y tenemos partidos cada tres días, es imprescindible tener mucho plantel”, afirma Xavi Hernández, DT del FC Barcelona. Y no contó ni las lesiones ni el recambio indispensable por la seguidilla de juegos.

El Liverpool está sorprendido de su famélico inicio de campeonato: empató a duras penas en Londres con el Fulham (2-2), igualó en casa (1-1) con el Crystal Palace y cayó el lunes ante el United. Y en todos empezó perdiendo. Vimos los tres duelos. No es que jugara mal, hizo lo de siempre, sólo que sus rivales lo apretaron en todas las líneas. El Palace, dirigido por el grandísimo Patrick Vieira es definitivamente un bloque inaguantable, corren como salvajes, son durísimos y no toman un respiro, hay que estar muy lúcido técnicamente para ganarles. Y dejar hasta la última gota de sudor en el campo. A un partido solo, el pequeño equipo londinense le haría un lío a cualquiera, llámese Bayern, Madrid o PSG. “Estoy preocupado con la situación”, dijo Klopp tras obtener apenas dos puntos sobre nueve en el arranque de la Premier, ante tres rivales con los que cabía esperar el cien por ciento. Es que lo ahogaron con su misma fórmula: intensidad. El sábado se desquitó con el Bournemouth (9 a 0).

“Hacer la pausa” era, hasta no hace mucho, una indicación sabia para ordenarse, serenar el juego y razonarlo mejor, pero ¿cómo hacerlo en la actualidad…? Si alguien pisa la pelota lo llevan por delante. ¿Para qué tanta intensidad…? Para anular la iniciativa del rival y, sobre todo, para minimizar el talento del adversario. Si un rival es muy superior técnicamente a otro, con la intensidad el inferior logra equiparar. En boxeo la intensidad era Joe Frazier, en tenis Rafa Nadal. ¿Es espectáculo…? Hay que ir acostumbrándose, pero sí, se dan partidos encarnizados, de ida y vuelta, con una vivacidad notable. Hay menos florituras, eso sí, pero más emoción.

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Todos van hacia eso. El que no se sube al carro de la intensidad queda fuera de todo.

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